Notas de prensa

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El lenguaje de lo inconcreto. Catálogo exposición en la galería Jorge Kreisler. Madrid, junio-julio 1992

[…] Abiertas a una renovación de ciertos arquetipos plásticos nacidos en la acción expresionista abstracta pero mirando al pasado para recoger la práctica más clásica de la pintura, las obras de Luca de Tena son una mezcla del pensamiento con la experiencia que ha proporcionado la observación. De ahí surgen esos simbólicos que muy pocas veces se dan en el arte abstracto, y el establecimiento del mito que no es otra cosa que la visión ancestral de la historia. No es necesario buscar distancias entre la realidad y el mito pues, con frecuencia, estos se dan en la vida diaria, cotidiana pero enmascaradamente, si no se les conoce. Míticos son los escasos emblemas que recoge el pintor, como lo fueron en su momento histórico los signos que figuraban en todas las manifestaciones para que las obras pudieran vivir.
En este terreno, la obra de Manuel Luca de Tena es biomórfica a pesar de su apariencia, entraña la energía de lo vivo, pero la muestra según unos modelos que, ni son clásicos ni modernos, simplemente se basan en la calidad de la materia y del color, en la garantía del proceso, minucioso, paciente y sosegado.

 

JOSÉ RAMÓN DANVILA

 

 

 

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“Hai-kus” abstractos. ABC Cultural, Madrid 10 julio 1992

[…] No es frecuente encontrarse, en un país donde lo que prima es el éxito rápido y la juventud por la juventud, a un pintor como éste, sin prisas, y encerrado en un modelo interior. No es frecuente la sensación de calma tranquila que produce una vista de la sala.
El proyecto en el que está embarcado Manuel Luca de Tena se apoya por una parte en la vertiente más meditativa del expresionismo abstracto norteamericano, con sus espacios “all over”, y por otra en el arte oriental, con su vacío “zen”. Por su manera de conciliar ambas experiencias, su actitud hace pensar a veces en la de un Mark Tobey, pintor de la Costa Oeste que pasó, en 1934, unos meses en un monasterio de Kyoto.[…] Tal vez su proyecto sea seguir en ese quicio, entre la abstracción y una visión poética del mundo

 

JUAN MANUEL BONET

 

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De sombra y luz. Catálogo exposición de la galería Anselmo Álvarez. Madrid, diciembre 1994-enero 1995

[…] Aludí ya, en otro texto anterior, a la importancia que, a mi juicio, tienen para esta pintura los seis años de estancia en Japón que Manuel Luca de Tena vivió, además, en un periodo de trascendencia crucial para la consolidación de su identidad creadora. Nada más errado, sin embargo, que tratar de asimilar su rastro a algún tipo de voluntario exotismo en las inflexiones del lenguaje. No, al menos, en un pintor que piensa y establece su apuesta a partir de loss grandes arquetipos de la abstracción occidental.
Antes bien, el peso del Oriente se deja sentir, ante todo, en un cierto sesgo de la mirada del pintor, madurada al fin ante una conciencia del paisaje que nace de una distinta modulación espiritual de las complicidades –inversa o no, poco importa- entre sombra y claridad. Sin duda, ello permite un curioso mestizaje, un modo híbrido de conciencia que, merced a una remota luz, ilumina insospechadas estancias desde el corazón de las tinieblas.

 

FERNANDO HUICI

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Manuel Luca de Tena: luz, memoria y estructura.
El Punto de las Artes, Madrid, 13 enero 1995

[…] Luca de Tena utiliza sabiamente uno de los fenómenos más tradicionales de la pintura, la luz, y lo hace a partir de un eficaz diálogo entra los planos; quizá quiera hacernos suponer un contraste entre lo interno y lo externo capaz de conducirnos inmediatamente a contrastar la emoción con la razón. Decía antes que es imposible obviar en su pintura la trascendencia de lo oriental y ahora puntualiza que es precisamente en este ir y venir entre el gesto y la estructura cuando se hace más patente ese ascendente. […] Desde el anunciado paisaje que se trasluce tras lo que sin duda semeja una mampara de papel, hasta el difuminado transparente de imágenes que se hicieron luz y sombra, desde la sencillez de una forma indudablemente cotidiana hasta el trazo que anuncia poderoso el nervio del dibujante y el dominio del pintor, todo en su obra pretende querer demostrar la importancia de las sensaciones.

 

JOSÉ RAMÓN DANVILA

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Escala pentatónica para la pintura de Manuel Luca de Tena.
Texto para el catálogo de la exposición en la Galería Gurriarán. Madrid, 23 septiembre/15 noviembre 2003

[…] Suspensión también en esas escenas donde las estaciones y los meteoros se han reducido a un hueco sintáctico que la mirada habrá de colmar de evocaciones. Poéticas del vacío (Orfeo, Juan de la Cruz, Paul Celan, Mujica, la Utopía, el Sueño y la Poesía). La nieve caída sobre una rama, la lluvia que refresca el jardín, el sol que lo vigoriza o agosta, el claro de luna, etc., son efectos de luz –oro- y sombra –negro- resumidos al límite y que el mundo de la vida, a este lado del espejo, completará dentro de sus márgenes. Dripping-dreaming…, como el amodorramiento que sucede al repiqueteo de la lluvia en los cristales de la ventana. Desde allí, en la ensoñación del duermevela y su peculiar lógica interna, todo deviene también, como en los cuadros, gaseosa indefinición, siluetas borrosas y espacios de recogimiento balbucientes sometidos a extrañas mutaciones y metamorfosis.
Visiones fantasmales al contraluz, ennegrecidas de bilis y acedía que hacen de estos parajes auténticos jardines del amor y de la culpa; pero lo decía en mil setecientos ochenta y uno Sheng Tsung-Ch´ien: “La verdadera tradición se ha perdido, y los fantasmas se pasean por la calle a pleno sol”. Aquí vemos, efectivamente, sus trémulas sombras.[…] Y el oro… No resulta extraño que Manuel Luca de Tena se haya visto cegado últimamente por el resplandor del dorado de su presencia pura, inmediata; tenebrosa presencia material. Tal carnalidad superficial, táctil del oro es susceptible de ser palpada y degustada en esos cuadros como un sabor cuyo perfume alcanza los últimos pliegues de nuestra boca y se adhiere al paladar: nos llena por completo, satura al ojo de una luz comprimida, más densa y pesada que la propia de la pintura; una luz que sólo podemos comprender al amparo de cierta espiritualidad. A la búsqueda de su simbología, Federico Revilla nos recuerda cómo “para los griegos, en cuanto relacionado con el sol, el oro significaba fecundidad, poderío, abundancia, efusión de amor, luz, conocimiento. Todas estas nociones pueden ser referidas a la divinidad, y de hecho lo son en casi todas la culturas, donde el oro, en efecto, está especialmente consagrado para el culto: las imágenes de Buda son sistemáticamente recubiertas de laminillas de oro por sus devotos”.
Pero, para acabar, les dejo con lo que ya certificó en otra ocasión Ángel González García con tanto acierto: “El oro es irrepresentable; una metáfora de lo invisible”. Que así sea.

 

ÓSCAR ALONSO MOLINA

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M. Luca de Tena.
ABC de las Artes. 5 diciembre 1997

[…] Antes, por decirlo así, Manuel Luca de Tena construía su realidad aproximando la emoción sentida a la razón; ahora, es la razón la que se ha reclinado en el corazón. En definitiva, las aguas del río siguen siendo las mismas, y sólo ha variado en ellas la dirección en la cual fluyen cuando en la desembocadura tiene lugar el fenómeno siempre admirable de la pleamar.
Sus Hojas de la memoria, fechadas en 1994, poseían una vía de expresión que velaba el reconocimiento palpable de la profunda relación que tenían con la naturaleza, pero ahí estaba la misma sensibilidad del artista que hoy nos ofrece, como si fueran líricas baladas de Coleridge, este conjunto de obras: paisajes ya no ocultos pero sí misteriosos, extraños, melancólicos; paisajes agrestes, solitarios, sin tiempo, plenos de instinto contemplativo, como esas verdades profundas y concluyentes que a todos nos afectan y que rehuyen las luces de lo exclusivamente racional.

 

CARMEN PALLARÉS

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Detener el espacio.
ArtesHoy. 15 abril 2010

El artista madrileño Manuel Luca de Tena (1954) maneja el espacio pictórico con un bien asimilado concepto del arte japonés, país donde residió varios años. La confluencia de aquella con la suya, el añadido de sus profundos conocimientos musicales contemporáneos, producen un original trabajo pictórico que posee el contenido de lo “clásico”, entendido esto como una modernidad alejada de las modas, del espectáculo y de la banalidad de los “tiburones de doce millones de dólares”.[…] Luca de Tena lo resuelve y consigue, con un despliegue técnico rico y sabio, de maestro, con diferentes usos pictóricos y diferentes gestos de pincel. Eso hace de su obra una aportación que no se conseguiría con otros medios, como la fotografía o la infografía, manteniendo todavía relevante el medio pictórico por su unicidad particular, y por lo tanto, oportunidad.[…] Precisamente en esta época de empachos de cultura de consumo sobre la forma y el verbo norteamericano, como paradigma del capitalismo cultural hegemónico, estas obras de Luca de Tena resultan más agradablemente sorprendentes.
Porque tienen una base referencial seria, porque no pretenden parecer nada, y mucho menos “modernas”, el trabajo de este artista aspira a ser algo, acaso a detener el espacio, y quizás detenerse por un momento a admirar la belleza perfecta (frágil y trémula) de los árboles florecidos al comienzo de la primavera. Esa promesa de verde que ahora aparece (encubierta) por los pétalos de las flores nevadas.

MARIANO DE BLAS

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Materia de luz. El País, Madrid, 13 julio 1992

[…] Son ecos que se identificarían tanto con la exquisita valoración indiferenciada de la superficie de las materias como con ese singular modo de despertar analogías en la esfera de lo natural que encuentran en este caso una suerte de complicidad armónica con el sentido interior de las cosas externas, en la línea de esa conciencia musical del mundo que el primer Kandinsky extrajera de sus lectura teosóficas, pero que es la sustancia misma de la tradición extremo oriental.
Así, en sentido profundo, que no en sus gestos externos, ésta es también la naturaleza más íntima de la apuesta singular de Manuel Luca de Tena. Por un lado circunscribe la pintura a sus armas específicas, a las gradaciones de la luz y de la materia, lejos del juego de la representación, obteniendo superficies indiferenciadas de exquisita vibración. Mas, al tiempo, ensimismada la pintura en sus razones, consigue a la vez, como de un modo natural, sin salirse un ápice de esa presencia literal, ser imán de tan poderosas como imprecisables asociaciones, como si la pintura fuera capaz de contener el mundo de un modo inconsciente, sin tan siquiera tener que nombrarlo.

 

FERNANDO HUICI

 

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Lo informe en la pintura de Manuel Luca de Tena.
El Punto de las Artes, Madrid, 3 julio 1992

[…] Luca de Tena nos recrea en los cuadros expuestos este fin de curso en la galería Jorge Kreisler parcelas de aquella inmensidad; un mundo original que sólo es tonalidad, pero que, mediante ella, inspira todo un alfabeto que se hace conversación consecuente. Es como si nos enseñase zócalos de una cosmogonía sin estructurar, pero que contiene los ingredientes existenciales que pueden llevarnos a la energía primigenia e incluso salpicarnos de panteísmo. […] Es como si captase la acción del tiempo en el espacio, la sucesión de edades o capas, los efectos que dejan sus improntas, las veladuras en impactos expansivos, que comunican e interesan.

 

JOSÉ RAMÓN DANVILA

 

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Manuel Luca de Tena: promesas cumplidas.
ABC Cultural, Madrid, 13 enero 1995

[…] Esta exposición confirma el japonesismo básico de su autor, su gusto por los espacios nítidos y bien articulados, por las luces y los colores en calma –ocres, amarillos, azules, grises, negros-, por una factura neutra –pero no inexpresiva-, por el “less is more” de Mies van der Rohe. Hablando de Mies, hay que decir que la principal novedad de esta exposición es la insistencia, especialmente patente en los cuadros horizontales –la espléndida serie Estancia abierta, Horizontal, Kansô I-, sobre ciertas estructuras geométricas, que parecen remitir a la escueta arquitectura nipona, y que nos conducen a las cercanías del “minimal”, un “minimal”, por supuesto, sensible, compatible con la meditación, con la poesía, y sobre todo con una concepción, valga la redundancia, pictoricista de la pintura.

 

JUAN MANUEL BONET

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Paisajes emergentes.
El País, Madrid, 22 noviembre 1997

[…] La filiación romántica a la que, en la memoria de nuestra propia tradición continental, se asimila la nebulosa melancolía de estas hipnóticas visiones destierra cualquier sospecha de exotismo. Mas, con todo, de un modo semejante a como ocurría en sus composiciones abstractas, la emoción de estos lienzos nace también de la conciencia, sumergida, del paisaje extremo oriental. Una apuesta, sin duda, de compleja ambición, que Manuel Luca de Tena ha resuelto con excelente tino y, lo que en definitiva importa, en el curso de un proceso cuyo desarrollo se proyecta, paso a paso, hacia una intrincada, sutil y depurada densidad emotiva.

 

FERNANDO HUICI

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La abstracción de la memoria.
El Mundo (País Vasco). San Sebastián, 3 marzo 1999

[…] “Estos paisajes no me han apartado de mi manera habitual de pintar, lo único que hago es mirar, observar e interiorizar determinadas imágenes”.[…] “Siempre trabajo ligado a esa idea de proceso gradual, alejado de la velocidad y centrado en el cuadro como objeto de meditación”. Para conseguirlo, esgrime argumentos poderosos, sostenidos en una obra que se debate entra la congelación de sus motivos y su vibración interna, que produce un efecto magnético y envolvente que consigue reencontrarse con la magia ancestral de la pintura: demostrar que hay vida propia más allá de un cúmulo de pinceladas.

 

 

JUAN PABLO HUÉRCANOS

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Un bello signo.
ABC Cultural, Madrid, 18 octubre 2003

[…] Manuel Luca de Tena ha recuperado para esta serie varios de los componentes formales a los que nos hemos referido: la atmósfera sigue siendo el argumento central de su discurso; hay un retorno de lo geométrico, y el lienzo aparece dividido en estancias independientes, cada una con su propio suceso cromático y matérico (un recurso a lo secuencial que relacionamos con su faceta de musicólogo); y, finalmente, hallamos el signo, devenido fragmento de una caligrafía indefinible que se comporta como una forma orgánica y, ora amenazadora mancha negra, ora sombra de planta trepadora, evoca lo inefable, lo oscuro, el alma secreta del paisaje.

 

JAVIER RUBIO NOMBLOT

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Invitación al sosiego.
La Vanguardia, Madrid, 4 abril 2010

Hay lenguajes que excitan, incitan a la acción. Otros, como esta pintura, invitan al sosiego, a la serenidad, a la contemplación de un mundo creado, que relaja, eleva. Simulaciones de paisajes, árboles, lluvias, ramajes, jardines; alusiones, sugerencias, elipsis, que provocan una sensación armónica, de empatía con una plástica lírica, amable, sin dejar de ser profunda.
El conjunto, expuesto hasta el 8 de mayo, reúne series como Espacios blancos, Falling, Rumor de hojas, Lluvia blanca, Constelaciones, que hablan de la sutileza que teje esta visión del paisaje y del ensueño. A través de un proceso de estratificación, el autor va poniendo materias y color sobre lo mismo, para buscar la seducción que consigue. Y lo hace con delectación, técnica, solercia, desparpajo y poética que le distingue.
Hay un gusto definido por la exquisitez, en las gamas y los tonos, en esas superficies doradas, moteadas de blanco y con toques acertados de granate. El dripping, el salpicado, el enjambre de abejas blancas sobre un panal de oro aromado de rosas rojas, consiguen un efecto gustoso, fluido, sólido, que va más allá de su resolución formal.

TOMÁS PAREDES

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La percepción.
ABC de las Artes y las Letras, Madrid, 23 noviembre 2006

Comentábase en cierta esquina que, irremediablemente calcinado ya cuanto tuvo la mala fortuna de convertirse en arte oficializado o espectáculo de masas, queda un poso digno de estudio allí donde el snob jamás puso los pies, ni el especulador las garras. Y es lógico que, de entra las mejores reelaboraciones de la pintura que tuvieron lugar a finales de los setenta, terminen destacando, a medida que pasan los años, las que menos se contaminaron luego de frivolidad y nihilismo, tal vez porque nuestro destino, como lo advirtiera ya Sócrates, no era ser derrotados por error.
Cada vez más inexplicablemente seductora, barroca en todas sus evocaciones de la luz, la líquida negrura, el rojo y el oro, salpicada de nieve y polen, refinada e inasible, la obra de Manuel Luca de Tena (Madrid, 1954) es un ejemplo magnífico de paisaje total, construido de dentro afuera, desde las entrañas de la pintura misma y la memoria hacia las formas simbólicas y una impecable lógica de la representación que se nos desvela algo de lo que veremos algún día, cuando aprendamos, de verdad, a mirar.

JAVIER RUBIO NOMBLOT